Fantasías carnavalescas
Siempre me consideré una persona normal. Y con “normal” me refiero a esa
gente que trata de hacer las cosas bien: decir buen día, gracias, por favor,
estudiar, trabajar, amar a la familia.
Bien o mal, trataba de satisfacer el deseo de los demás, cumpliendo con
lo que mis padres y la sociedad imponía y jamás me cuestioné.
Muchas veces pensé que eso me jugaba en contra, no sé si era feliz, no
sé si era realmente esa persona. ¿Cuáles son mis verdaderos deseos? ¿Quién
quería ser? ¿Quería seguir teniendo puesta esa máscara que me ponía cada día al
despertar?
Si me ponía a hacer un poco de introspección quien yo quería ser distaba
mucho de lo que me habían enseñado, y además, mi personalidad no era muy
desafiante, siempre fui obediente. Definitivamente, dentro mío había un miedo
manifiesto de mostrar mi verdadero yo.
Una mañana, estando de vacaciones, prendí la radio como todos los días y
escuché una entrevista a un historiador. Él contaba los orígenes de la
tradición cultural de los Carnavales. Estos días festivos previos a las Pascuas
son muy pintorescos. La gente sale a la calle disfrazada, baila, canta y deja
salir todas esas fantasías internas en total libertad, ya que las máscaras
conservan el anonimato.
Esa idea invadió por completo mi mente. Próximamente serían los
Carnavales y por qué no pensar en esta instancia como una oportunidad para
dejar salir mi verdadero yo. Total, quién me reconocería, quién podría juzgarme.
Miré el calendario, faltaban unos días para Carnaval y dentro mío,
brillaba la esperanza de al menos una vez en mi vida tan gris pudiera florecer
ese sujeto reprimido.
Inmediatamente, comencé a urdir mi plan. Primero, debía conseguir los
elementos para mí disfraz. Este era muy importante porque reflejaría mi
verdadera personalidad, y aunque contaba con poco tiempo para confeccionarlo,
debía dar lo mejor de mi.
Una vez que terminé el diseño, había que poner manos a la obra. Junté
peluches viejos, prendas de determinados colores, tijeras e hilos y otras
cosas.
Definitivamente, la moda no era lo mío pero tenía un objetivo: cumplir
por primera vez con mi deseo.
Finalmente, luego de tantas horas, y
de pruebas y errores, hoy es el gran día.
Mí disfraz y mi máscara son el fiel
reflejo de quien soy, de este ser que por tanto tiempo mantuve oculto, y jamás
dejé expresarse. Hoy saldré y seré yo.
Me veo en el espejo y me siento feliz.
Soy Jibaku, soy un zorro gris, y soy
Therian.
Mariela Vilar
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